El Camino del
Salvador o de San Salvador enlaza León con Oviedo,
cruzando la Cordillera
Cantábrica. Numerosos peregrinos devotos del medievo se desviaban
para visitar la catedral de San Salvador y sus reliquias. Como reza un viejo refrán:
“Quien va a Santiago y no va al Salvador, honra al criado y deja al Señor”. Así que nos fuimos a Roncesvalles a comenzar esta
apasionante aventura. Salimos el viernes 3 de junio, la furgoneta con las
bicis, conducida hábilmente por Hugo (de Garaje Paco) donde iban Manolo,
Santiago y Luis, y en el coche de José Luis íbamos Albino, Enrique y yo. La
primera parada fue en Cantabria para desayunar y luego continuamos camino en
dirección a Vitoria, Pamplona y comida en Auritz-Burguete, muy cerca ya de Roncesvalles. Lógicamente
llegamos antes que la furgoneta, así que cuando llegaron ya teníamos reservada
la mesa y todo preparado para la comida; dimos buena cuenta de ella y sin más
volvimos a la carretera para llegar a Roncesvalles a media tarde.
Roncesvalles fue de siempre vía de paso
obligatoria para entrar en la península ibérica. Por Roncesvalles penetraron
fundamentalmente los celtas, los bárbaros, los godos que se establecieron a lo
largo de la cuenca del Duero, y naturalmente el rey Carlomagno, con el más poderoso ejército del S. VIII, camino de la ciudad de Zaragoza.
Carlomagno, dado que fue derrotado en Zaragoza, decidió, camino de su reino,
reducir a ruinas la capital de los vascones, Pamplona. Fue al regreso, en los
Pirineos, entre el collado de Ibañeta y la hondonada de Valcarlos, donde hubo
de sufrir una contundente emboscada por partidas de nativos vascones, a los que
les resultó fácil provocar un descalabro general a base de lanzar rocas y
dardos. La Chanson de Roland, escrita en algún lugar de Francia hacia finales
del S. XI, concibió el desastre en el llano, entre
Roncesvalles y la villa de Burguete, y los atacantes ya no eran vascones, sino
sarracenos, quienes en realidad nunca llegaron a expandir sus dominios tan al
norte
PRIMERA ETAPA:
RONCESVALLES-PAMPLONA (41,9 Kms)
Después de un buen desayuno,
cogimos las bicis en dirección al Puerto de Ibañeta, en la frontera con
Francia; allí sale el camino con una pronunciada pendiente hasta los
alrededores de la Basílica de Roncesvalles. Son los primeros compases y hay que
hacerse con la bicicleta, sobre todo con los automáticos…. El camino discurre
apaciblemente por zonas de arboledas hasta alcanzar la primera población Burguete, a partir de aquí comienzan
las primeras dificultades, el camino pedregoso con continuos toboganes que hace
que haya que ir con precaución, llegando a la localidad de Zubiri, después de más de veinte kms y un descenso de 400 mts.
El camino se vuelve cada vez
más intrincado pasando por Irotz y Burlada, ya divisamos al fondo Pamplona
y con el río Arga a nuestra vera, entramos por el popular puente de La
Magdalena, lugar de paso de todos los peregrinos, atravesamos el centro
histórico de la ciudad siguiendo las conchas perfectamente señalizadas en el
suelo, y salimos hacia la parte nueva de la ciudad, la zona de las facultades,
donde nos costó un poco encontrar la dirección hacia el hotel ya que éste se
halla en las afueras, carretera de Zaragoza, a donde llegamos cerca de las
cuatro de la tarde. Ya nos esperaban José Luis y Enrique para comer pero a esas
horas lo que apetecía era darse una buena ducha y tomar una cerveza y luego ya
más tranquilamente comer algo. Y afortunadamente, teníamos cerca un centro
comercial donde pudimos pedir una pasta regada con abundante cerveza y un
cafetín, y para el hotel a descansar un poco.
Al atardecer nos fuimos
Albino, Luis y yo en el bus hacia Pamplona, allí nos esperaban los demás que
querían ver el partido del Oviedo que jugaba precisamente con el Osasuna; el
ambiente por las calles pamplonicas era increíble, no se cabía en los bares y
no era para menos se estaban jugando un puesto de promoción (nos metieron
cuatro goles en el Tartiere…), buscamos un bar, a duras penas, donde cenar,
gracias a la paciencia de Jesús (un amigo de Manolo) y regresamos al hotel, que
no estábamos para mucha fiesta.
SEGUNDA
ETAPA: PAMPLONA - ESTELLA (46 Kms)
Otra etapa corta pero también dura, con un Alto el del Perdón (750 m) que la iba a hacer entretenida. Después de desayunar, no tan bien como el día anterior, y después de lavar las bicis en la gasolinera y de meter las maletas en el coche, salimos no sin pocos quebraderos de cabeza buscando el camino hacia Cizur Menor; lo conseguimos y ya emprendimos el viaje a buen ritmo, ya que la idea era llegar lo más pronto posible a Estella porque José Luis quería ir a Haro donde jugaba el U.P.Langreo, así que a fuimos a buen ritmo. El Alto del Perdón lo subimos por la carretera ya que el camino en bici es intransitable, la bajada por una buena carretera, sin tráfico, la hicimos a sesenta por hora, pasando por la localidad de Obanos e inmediatamente en Puente La Reina (llevábamos veinticuatro kms)
Puente
la Reina, "cruce de caminos", villa medieval en la que se funden las
dos vías principales del Camino
de Santiago, es una de los enclaves de mayor sentido compostelano
situados en Navarra; el puente románico sobre el río Arga será lo que más le
sorprenderá. Es uno de
los ejemplos románicos más hermosos y señoriales de la ruta jacobea y el que da
nombre a esta villa, de apenas 2.500 habitantes.
Seguimos con subidas y
bajadas importantes que nos hace ir muy concentrados, pasamos por el pueblo de Lorca, con otra subida buena y nos
dirigimos ya a Estella donde llegamos con tiempo suficiente para que los
futboleros pudieran ir a Haro. Llegamos al Hotel Yerri, donde ya estaban las
maletas (nunca le agradeceremos bastante el trabajo de José Luis) y tras una
buena ducha, Santiago yo nos dirigimos a al centro para comer en la Plaza de
Estella, en la terraza de un restaurante, donde comimos a lo grande. Los que
fueron a Haro, tampoco lo hicieron mal en el Terete… y además el Langreo sacó
un buen empate a uno (que luego de poco le sirvió).
Cuando
llegaron de Haro, bien cansados ya había pocas ganas de hacer nada, así que
picamos algo en el bar del hotel, lo mejor fue la botella de pacharán, y la
clase magistral de Albino, de taichí y estiramientos…y para la cama.
TERCERA
ETAPA: ESTELLA – LOGROÑO (49 Kms.)
Tercera
etapa de las cortas, con lo cual tenemos previsto comer en la capital riojana.
La salida de Estella, como siempre, sobre las nueve y media, después de un
desayuno ligero… A los cuatro kms nos encontramos con el Monasterio de Irache
y con una
fuente de la que sale vino, así que echamos un traguillo, para afrontar el muro
que tuvimos que subir, rápida bajada con la pista en regular estado y nueva
subida hacia Vilamayor de Monjardín
y ya en bajada hacia Los Arcos y Torres del Río, llevamos veintinueve
kms y sólo nos quedan otros veinte.
Terreno complicado hasta llegar a Viana. Refundada en 1219 por Sancho VII el Fuerte, recibió el
título de ciudad en1630 y ostenta
el título de Muy Noble y Leal Ciudad de Viana Cabeza de
Principado del antiguo reino de Navarra, conserva parte del conjunto
amurallado del S. XIII y
numerosas casas blasonadas, además de importantes monumentos históricos.
cruzando el límite de las provincias de Navarra con La
Rioja, y en pocos minutos ya cruzamos el Ebro para entrar en Logroño. En el
hotel NH, en una zona verde junto a un parque en las afueras de la capital,
llegamos a la hora prevista, con tiempo suficiente para cambiarnos y buscar un
restaurante en las cercanías. Y lo encontramos, un mesón con buena pinta donde
nos pusimos morados, buen jamón y mejor chuletón (eso sí, a buen precio). Y de
la que volvíamos al hotel localizamos una tienda de reparación de bicis que nos
vino muy bien para engrasar y poner en marcha las maltrechas bicis.
Una
buena siesta reparadora, y listos para visitar la ciudad y su famosa calle
Laure, donde tomamos unos vinos con buenos pinchos y para el hotel que mañana
hay que seguir pedaleando.
CUARTA
ETAPA: LOGROÑO – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA (50,6 Kms.)
El camino en continua subida pasa por el Alto de San Antón, llegando a Nájera después de treinta kms (con
pequeña pájara de Albino que con una manzanilla la superó)
Su nombre
procede de su fundador Domingo García, que entre otras construyó allí un puente
para hacer seguro el cruce del río, un hospital y un albergue de peregrinos,
para facilitar con ello el peregrinaje del Camino de Santiago a su paso por la
localidad.
Es famoso el milagro del gallo y la gallina, según
el cual se dice que Domingo García demostró la inocencia de un peregrino
acusado erróneamente de muerte al hacer volar una gallina que estaba asada en
el plato. En recuerdo del estos hechos, en la catedral calceatense hay siempre
un gallo y una gallina vivos y se extendió el dicho de “En Santo Domingo de la
Calzada, donde cantó la gallina después de asada”.
Y al hotel D. Pedro que ya
nos estaban esperando. Dejamos las bicis, ducha rápida y a la calle, donde nos
encontramos con las simpáticas mejicanas, foto con ellas
y al restaurante que ya habíamos reservado. La comida excelente, y a descansar (algunos se fueron a hacer la colada).
La
tarde era muy agradable, tomamos unas cervezas y dimos una vuelta llegando
hasta el Parador de S. Bernardo de La Fresneda.
Y nos fuimos a una terraza
para ver la TV que había no sé qué partido de futbol. Algunos picaron algo
allí, Santiago y yo nos fuimos para el hotel, y con unas frutas y un yogourt
pasamos el trámite de la cena.
QUINTA
ETAPA: STO. DOMINGO – BURGOS (73,1 Kms)
El desayuno del hotel pobre
y ligero, y lo que teníamos por delante no era cosa menor, primera etapa de las
largas. Seguimos por tierras riojanas, ya por poco tiempo, entrando en tierras
castellanas por la provincia de Burgos. Dejamos atrás a Villamayor del Río por caminos largos y llanos, en espera de
mayores dificultades (que las habrá). Pasamos por Belorado, Espinosa del
Camino y Vilafranca, llevamos
casi 50 kms y José Luis ya nos tenía preparada la mesa en el bar de peregrinos La
Taberna de Agés, a veintitrés kms de Burgos. La comida de peregrino,
macarrones, pollo y postre, con un vino peleón, lo mejor la cerveza previa y la
siesta en un pradín que había al lado de la iglesia.
Y de vuelta a la bici,
dejando a un lado Atapuerca, que nos esperaba lo peor… la subida hasta la Cruz
de Agés, por una pista en muy mal estado que nos obligaba a subir con la bici
en la mano
La bajada a tumba abierta
hasta Orbaneja para divisar ya la
ciudad de Burgos, pasando por el aeropuerto, y por carretera meternos en una
zona caótica de rotondas, polígonos industriales, aceras, etc, hasta llegar al
río Arlanzón, donde algunos remojaron sus cuerpos, y otros con menos suerte
continuamos por senda ciclista de la ciudad, atravesándola por completo
siguiendo el curso del río, ya que el hotel se encontraba en el otro extremo de
la ciudad.
Como
todos los días, buena ducha y poco tiempo para descansar, la etapa había sido
larga igual que la sobremesa, así que cuando nos dimos cuenta ya eran las ocho
de la tarde, buena hora para ir hasta el centro a tomar algo y cenar, que no
iba a ser fácil, estaba todo abarrotado pues había un congreso de médicos, pero
encontramos un restaurante por el centro donde dimos buena cuenta de la famosa
morcilla de Burgos, y alguno hasta de una buena pata de cordero. Dimos un pase
por la Catedral, iluminada y preciosa y para el hotel.
SEXTA ETAPA:
BURGOS – CARRIÓN DE LOS CONDES (84,5 Kms)
Después de un buen desayuno, y de llevar las bicis a una gasolinera
para quitar el barro y polvo del día anterior, afrontamos la segunda etapa
larga pero muy entretenida por tierras castellanas, los primeros treinta kms
hasta Hontanas sin ningún problema,
bastante llanos salvo por Hornillos del
Camino con alguna tachuelina.
Continuamos
la marcha, pasamos por unas ruinas de lo que fue una belleza de iglesia y por
el Convento de San Antón, llegando a Castrojeríz , saliendo del pueblo vemos lo que se nos viene encima, la larguísima
subida al Alto, donde más de uno echó pie a tierra.
La comida en Mesón Titas en
Boadilla del Camino a veinticuatro kms de Carrión, no sin antes remojar las
piernas en una acequia del Canal de Castilla. La comida de peregrino, con un
mesonero un tanto peculiar…
Estamos en tierras
palentinas, tierra de campos, dejamos Frómista
y seguimos por caminos llanos, tierras verdes sembradas de amapolas
Y llegamos a Villalcázar de Sirga, parada obligada para admirar la preciosa iglesia
Continuamos el camino y
llegamos a Carrión en una agradable tarde que aprovechamos para darnos un buen
remojón en el río Carrión antes de llegar al hotel.
El Hotel San Zoilo suntuoso
nos espera, habitaciones enormes, pasillos palaciegos, no en vano es un
monasterio.
Al atardecer nos acercamos,
cruzando el puente, hasta la bonita plaza del pueblo donde tomamos buena
cerveza y volvimos que la cena la teníamos en el restaurante del hotel; buena
mesa y buena comida y para la cama, que mañana nos esperaba otra etapa
larguísima.
SÉPTIMA
ETAPA: CARRIÓN DE LOS CONDES – LEÓN
El desayuno, como no podía
ser de otra manera, muy bueno y abundante, que nos espera una etapa de
campeonato. Los primeros veintiséis kms hasta llegar a Terradillos de los Templarios,
llanos con rectas interminables, Moratinos y San Nicolás del Real Camino
y entramos en la provincia de León, llegando a La Ermita de la Virgen del Puente
y enseguida Sahagún. El camino sigue
monótono llegando a El Burgo Ranero
y después de ochenta kms llegamos a Mansilla
de las Mulas, a unos veintidós kms de León, donde nos esperan José Luis y
Enrique, que se había adelantado, en el Bar San Martín donde tenemos previsto
comer; la mesa perfecta, una especie de jaima, y menú del día, con otro
mesonero peculiar… larga sobremesa, esperando al hermano de Manolo y un amigo
que venían en bici desde León.
Salimos en dirección a León
pero pasando (mejor dicho subiendo, y vaya subida…) por el primer poblado
astur, de Villasabariego “Lancia”.
Pasamos por el Puente Villarente y ya vamos lanzados
hacia la capital leonesa, no sin antes subir una tremenda tachuela, donde
Manolo pinchó, menos mal que llevaba ruedas especiales y una vez hinchada no
tuvo mayores problemas. Llegamos a León pero antes de ir al hotel pasamos por
una gasolinera para lavar las bicis, que hoy sufrieron mucho.
El
Hotel, mejor dicho Hostal, Guzmán el Bueno, en pleno casco antiguo, nos acoge
después de haber pedaleado más de cien kms; llegamos bien tarde y bien
cansados, ya nos esperaba Pablo que se incorpora a la expedición. Ducha, media
hora de descanso y a la calle a tomar unas cervezas en una terraza cercana al
hotel, y nos vamos hasta el gótico a buscar algo donde picar. Para ser breve y
no entrar en muchos detalles, decir que allí no se ponía de acuerdo ni el
apuntador, al final recalamos, parte de la expedición en el bar Madrid, que fue
un acierto y es donde teníamos que haber ido desde el principio.
OCTAVA
ETAPA: LEÓN – BUSDONGO (60,19 Kms)
Desayunamos en el Hotel París, que estaba a la vuelta
de la esquina, después de rescatar a Luis del baño (el que hizo de bombero fue
Albino, los demás ni nos enteramos), quedamos para hacer la foto de salida
delante del majestuoso edificio de Gaudí, en la Pz S. Marcelo
Tomamos
dirección norte, por las afueras de la capital leonesa para coger el camino que
al principio estaba en buen estado, pero a medida que íbamos subiendo aquello
se ponía en peor estado. Pasamos por Carbajal,
teniendo el río Bernesga a nuestro lado; el camino por una zona boscosa y de
matorrales se hacía imposible, en muchos momentos nos teníamos que bajar de la
bici,
es un precioso recorrido para hacer a pie, una auténtica ruta de montaña.
Llegamos a la Fuente de San Pelayo donde hacemos un alto
y continuamos la
ruta pasando por Cabanillas y Cascantes, en busca de La Robla. Luis y yo nos adelantamos
pues este último tramo lo hicimos por carretera (por problemas técnicos, jeje)
y los esperamos en Pola de Gordón,
en un barín reponiendo fuerzas, junto al puente sobre el río Bernesga.
A
partir de aquí la ruta la hicimos por la carretera N-630, ya que seguir por los
caminos nos iba a retrasar mucho ya que habíamos quedado a comer con José Luis
en Casa Ezequiel, en Villamanín. La
carretera con algunos túneles y algo de tráfico tiene sus cuestinas y se hace
pesado este tramo, deseando llegar cuanto antes al restaurante. Y
no es para menos, la comida en Ezequiel es tremenda, rica y abundante,
ensaladas, embutidos, cabrito, etc, así que nos pusimos morados.
Pequeña
sobremesa mientras despedíamos a los leoneses y José Luis y Albino se iban
hacia Oviedo (volverían al día siguiente), Enrique se lanzó Pajares abajo hacia
Campomanes donde le esperaban, Luis se fue para Busdongo, y el resto (Manolo,
Santiago, Pablo y yo) nos fuimos a la aventura por la montaña de Busdongo en
busca de un paso hacia Arbás. Anduvimos dos horas por el monte, con las Tres
Marías al frente y un valle precioso pero no pudimos continuar la marcha, los
caminos no están nada claros y se hacía imposible continuar, así que tuvimos
que volver a Villamanín y coger la carretera hacia Busdongo, donde llegamos
bastante cansados bien entrada la tarde.
Los
apartamentos Casa Maragato que habíamos reservado estaban muy bien, planta baja
y altillo aboardillado y baño con buena ducha, que nos vino muy bien, el día
había sido muy duro, y el de mañana tampoco iba a estar nada mal.
Tomamos
unas cervezas en el bar y pedimos la cena, embutido, queso y postre, no hay
más, pero todo muy rico y regado con vino de la tierra. Y para la cama, que
Busdongo no da más de sí.
NOVENA
ETAPA: BUSDONGO - OVIEDO (68,4 Kms)
Desayunamos buen café con mejor pan y mermeladas
variadas, y ya llegaron José Luis y Albino, todo preparado para una jornada
épica….
Bajamos
un par de kms por la carretera para tomar la desviación a Pendilla, y una vez en el pueblo ya cogemos la Ruta La Carisa; comienza con algunas rampas duras para ir tomando
altura y se suaviza un poco internándonos en el precioso valle, la pista va en
zig-zag lo que hace más llevadera la subida.
Llegamos al alto del cordal
girando la pista a la izquierda en un falso llano, lo que nos da un respiro,
dejamos la desviación que baja hacia Lena y continuamos en fuertes repechos por
la ruta hasta encontrarnos con la desviación hacia el Campamento Romano, que
dejamos a un lado.
Continuamos, dejando otras desviaciones hacia el Concejo de Aller, Boo y Nembra
y acometemos la parte final, la gran bajada hasta Carabanzo, tremenda y larga bajada que parecía no tener fin, llegamos
al pueblo y en el bar hicimos una parada para reponer fuerzas.
Ya
por carretera asfaltada, vamos en dirección a Santa Cruz, Ujo y Mieres, que atravesamos bien conducidos por Luis,
hasta llegar a La Peña. Aquí hubo dudas por algunos de si ir por los túneles,
pero el libro de ruta marcaba subir La Rebollada y El Padrún, y para allá
fuimos, el pelotón se va estirando, algunos sufriendo, otros apretando los
dientes pero coronamos el puerto, bajada rápida hasta Olloniego para acometer La Manzaneda. Cruzamos el pueblo y
continuamos subiendo por otra tremenda rampa en dirección al Picu Llanza, donde
nos espera Alberto y su familia, últimas pedaladas y llegamos bien pasadas las
tres de la tarde.
Nos
estaban esperando con una mesa repleta de comida, cerveza, sidra, todo con una
pinta envidiable, ¡qué buena gente! Nos prestó muchísimo, y en estas llegó el
hijo de Pablo que quería hacer los últimos kms con nosotros.
Una
vez reposada la comida, salimos que todavía nos quedaba otra tremenda tachuela,
subimos como pudimos y comenzamos a bajar hacia La Bolgachina, para llegar a la
rotonda de Otero y atravesar la Calle Magdalena para llegar a LA PLAZA DE LA CATEDRAL, punto final de
esta extraordinaria aventura.
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